En la oscuridad de la noche del martes 6 de agosto de 2024, un nuevo capítulo de terror se escribió en la historia de Venezuela. María Oropeza, jefa del comando de la oposición en el estado Portuguesa y destacada activista política, fue secuestrada por fuerzas policiales leales al régimen de Nicolás Maduro. El incidente ocurrió a las 9:30 p.m. EST, cuando agentes irrumpieron ilegalmente en su domicilio, demostrando una vez más la brutalidad de un gobierno dispuesto a silenciar a sus detractores a cualquier costo.
María, de 30 años y abogada de profesión, ha sido una voz crítica contra las injusticias y abusos del régimen de Maduro. Su dedicación a la causa democrática y su rol como líder opositora en Portuguesa la convirtieron en objetivo de un estado que no tolera la disidencia. El secuestro de María no es un hecho aislado; es parte de una estrategia sistemática del gobierno venezolano para desmantelar la oposición y perpetuar el miedo entre aquellos que osan alzar la voz.
Su perfil, visible en Instagram, refleja no solo su compromiso con la libertad y la democracia, sino también la esperanza de un país que lucha por rescatar su estabilidad política y social. Como exalumna de la Fundación Para el Progreso, María ha sido formada bajo los principios de libertad y progreso, ideales que ha buscado instaurar en su lucha diaria contra la opresión.
La comunidad internacional debe responder. No podemos permanecer silentes mientras líderes democráticos como María Oropeza son secuestrados y sus derechos, pisoteados. Es imperativo que se ejerza presión sobre el régimen de Maduro para asegurar la liberación inmediata de María y de todos los presos políticos en Venezuela.
Nos unimos al llamado de #FreeMariaOropeza y #LiberenAMariaOropeza, exigiendo su liberación inmediata y sin condiciones. Es hora de que el mundo reconozca y actúe contra la violencia y represión que se viven en Venezuela bajo el gobierno de Maduro, donde el secuestro de una líder opositora es solo el reflejo de una crisis mucho más profunda que afecta a todo el país.
La lucha de María Oropeza es la lucha de todos los que creen en la democracia y los derechos humanos. Hoy, más que nunca, es crucial que nos solidaricemos con ella y con todos aquellos que enfrentan la adversidad bajo regímenes autoritarios. Su valentía nos inspira a seguir luchando por un mundo donde la libertad no sea solo un ideal, sino una realidad para todos.
Columna: Rodrigo Ojeda – Profesor de Historia y Ciencias Sociales
Finalizaron las elecciones en Venezuela con denuncias, protestas, celebraciones y daños colaterales en desarrollo. La esperanza del voto da paso a la incredulidad y frustración de la oposición. Maduro celebra una victoria en su estilo socarrón y afianza la dictadura a paso firme. Al populismo venezolano poco le importan las formas ni los efectos inmediatos y mediatos. Tampoco le importa la democracia tal y como la conocemos y ejercemos desde el sur del mundo. La oposición tiene las actas y el respaldo de cientos de venezolanos desesperados, Maduro tiene el monopolio de la fuerza y una constitución a la medida, y un discurso trasnochado que lamentablemente sigue vigente en el mundo, en Venezuela y en Chile. Seguimos tropezando con la piedra del socialismo en su variante populista de los “derechos sociales” y su lucha eterna contra el fascismo, aunque son ellos los que se comportan como fascistas (control total del Estado).
La elección del domingo, la vivimos y sufrimos de cerca pese a la distancia geográfica (el influjo de las redes sociales que acortan distancias y entregan simultaneidad, como nunca antes). Una elección rodeada de esperanza desde la oposición democrática, y un todo o nada desde el oficialismo dictatorial. Maduro ganó, la dictadura recuerda a Chávez, celebra y apunta literal y metafóricamente a sus enemigos internos y externos. Dedica el triunfo al fascismo, a la ultraderecha internacional y a todo aquel que no rinda pleitesía al “madurismo”, al compañero Maduro y sus sombríos aliados (Cuba y Nicaragua). Venezuela es hoy y ayer, guste o no guste, una dictadura, una sociedad empobrecida con exiliados, migrantes (esos que realmente buscan nuevas oportunidades), prisioneros políticos y fisuras de enemistad al viejo estilo de la Guerra Fría, una película de esas que hemos visto y no terminan bien en su desenlace fratricida. No pocas voces de la región están al menos sorprendidas tras el conteo de votos y la ratificación del tirano rodeado de veedores parciales e “invitados”.
Hay voces alineadas con Caracas y el compañero Maduro, desde antes de las elecciones. Son voces que no creen en la democracia liberal ya que se sustentan en los principios absolutos del Marxismo y Leninismo, esa mirada de mundo fracasada que sigue vigente y se nutre del conflicto, que se juramentó superar el capitalismo y profundizar la democracia. Dicho en simple, aunque se vistan con ropajes democráticos y participen de elecciones, no lo son. Desde Chile, el Partido Comunista (PC) sigue siendo declaradamente marxista-leninista (ni siquiera se sonrojan), con esos lentes ve el pasado, el presente y el futuro, desde esa mirada entiende los conflictos y los antagonismos de opresores y oprimidos, en las fábricas históricas, en las calles y en las universidades. Su lucha se mantiene intacta, el mandato divino es un solo: superar el capitalismo y la democracia burguesa. Por eso abrazan la causa venezolana y bolivariana, Maduro muestra el camino, es un adelantado y un hermano en la lucha en contra del capital, es una alianza entre el comunismo criollo y el madurismo que se defiende a fuego y sangre. Las bajas (muertes) son los reaccionarios de siempre, los costos de la revolución. Nada nuevo bajo el sol. El PC, mediante un comunicado saludó y apoyó el resultado de la elección presidencial.
El PC local ve con nostalgia los procesos revolucionarios de Cuba, Nicaragua y Venezuela, aprende de esas de experiencias y realiza visitas en terreno, su internacionalismo es no sólo una declaración de principios, no visita dictaduras, recorre y experimenta esos socialismos y sus contradicciones, jamás escucharemos de algún comunista calificar a esos países de dictaduras, no es prudente para ellos referirse a procesos internos de sus hermanos, la orden del partido tampoco lo permite. Esos países están superando al capitalismo, los costos no son comentables en la lógica comunista, los pueblos deben asumirlos en ese tránsito (a ratos infinito y sangriento) al socialismo de Marx y Lenin.
Enhorabuena, el presidente Boric ha estado a la altura del cargo y las circunstancias internacionales, ha declarado como Jefe de Estado sin ambages (rodeos) solicitando explícitamente “transparencia de las actas” acompañadas de “veedores internacionales no comprometidos” y un rotundo: “Desde Chile no reconoceremos ningún resultado que no sea verificable”. Un Boric jugado y al menos por un instante alejado del PC, aunque cabe advertir que ese mismo PC pasará la cuenta y en algún momento dejará de verlo como compañero de ruta, los comunistas no perdonan ni olvidan. Parafraseando al candidato Boric: “Señor Boric, está avisado”, el PC no perdona. Es de esperar que Venezuela no sufra una guerra interna que deje miles de víctimas inocentes que sólo quieren recuperar la libertad, democracia, justicia y paz social; esa Venezuela de libertadores hispanoamericanos de tiempos no tan remotos. Venezuela despertó, la dictadura ocupará la persecución y la intimidación, identificará enemigos internos y externos, la represión recién comienza, la contienda es desigual. Seguiremos atentos a la crisis en Venezuela y sus derroteros con una lección clara, con los comunistas locales y Maduro ni a misa.