Noticias falsas, revisadores de la verdad, y el pequeño engaño

Autor: Jorge Yáñez / Categoría: Columna de Opinión 

Las fake news destruirán la democracia.  Suena fuerte, pero es precisamente lo que argumentan los ‘expertos’ de ambos lados de la esfera política, advirtiendo sobre el gran peligro de las noticias falsas. En internet, y especialmente en las redes sociales, es muy fácil encontrar noticias derechamente falsas.  Algunas tienen una agenda, otras las crean lo que se denominan ‘trolls’ de internet (una especie de persona que solamente le interesa provocar).  Lo que está claro, es que existen, alguien las está creando, y lo más grave, alguien las está leyendo.  Estas noticias pueden -o por lo menos es la acusación- cambiar el resultado de las elecciones. Que sean siempre los perdedores los que se quejan de fake news es, al parecer, una mera coincidencia. Pero no hay que preocuparse, para decirnos qué noticias son falsas y cuales dicen la verdad, nacieron los fact checkers.

Un hito reciente donde las fake news han sido protagonistas es la elección de Donald Trump contra Hillary Clinton durante las elecciones del 2016. Ambos lados acusaban al otro de decir fake news mientras presentaban sus expertos como limpiadores de fake news.  Otro ejemplo, las elecciones sobre el Brexit, cuando el Reino Unido votaba si permanecer en la Unión Europea. Por sobre todo pronóstico, ganó la opción de retirarse de la Unión Europea. Nuevamente, ambos lados acusaron al oponente de repartir fake news. Por supuesto, fact checkers con grandes títulos de las mejores universidades del mundo se hicieron presentes con intenciones de desmentir el otro lado. En el tema del Covid, es la misma historia y ahora lo vemos con la guerra en Ucrania.

El mundo sería mucho más simple si existiera solamente una verdad sobre los eventos y si solo bastara que un experto nos diga cuál es. No existirían los fact checkers, ya que no serían necesarios. Pero la vida y la política es compleja.  ¿Existe la verdad? Claro que sí, pero la forma en que se cuenta puede hacer toda la diferencia. En lugar de deliberar y llegar más cerca a la verdad, es mucho más fácil tildar cualquier opinión distinta de nazi, de racista, o de acusar a alguien o algún grupo de caer en fake news. Se ha convertido en un arma política y como toda arma, hay personas que la usan no para despejar mentiras, sino para desprestigiar a sus oponentes. Todos hemos visto como salen supuestos expertos a desmentir lo que dijo otro. El lector promedio verá que el noticiero puso ‘experto’ al ladito del nombre y asumirá que tiene legitimidad en lo que dice, y, por ende, hay que creerle.

Hoy en día no hay que ir muy lejos para encontrar cómo operan estos fact checkers y cómo en verdad, no son tan objetivos.  Hay varias entidades que se dedican a este negocio. Entre ellas, las más conocidas son Politifact o FactCheck.com. Sin embargo, en Chile es común ver cómo los medios tienen sus propias versiones de estos revisadores de la verdad. Pero, se ha visto una y otra vez como son los mismos que acusan de fake news, las que las esparcen. El manejo del Covid es un claro y fresco ejemplo.

El problema es que los fact checkers tienen un historial de errar frecuentemente.  Por ejemplo, si uno decía que las mascarillas de tela no sirven contra el Covid, Twitter te suspendía la cuenta y aparecía el mensajito diciendo que era un fake news, junto con la información correcta. Adelantamos varios meses y ahora es comúnmente aceptado. Recordemos que los expertos nos decían que hay que vacunarse para volver a la normalidad. Si uno decía lo contrario, era un mentiroso, incluso se acusaba de poner en riesgo vidas. Después decían que había que llegar a la inmunidad de rebaño, si uno discrepaba, salían los expertos y fact checkers a refutarte. Ejemplos sobran.

En el debate constitucional previo al 04 de septiembre ocurrió lo mismo. Ambos lados tenían sus informantes. Aquellas personas que estaban encargadas de ‘informar’ a la ciudadanía. Por otra parte, estaban los famosos «fast checkers”. Era una herramienta más. El propósito nunca ha sido revisar si alguna información es incorrecta o no. El propósito es deslegitimar el argumento del ‘otro’ sí es que este argumento pone en riesgo mi postura. Que sea verdad o mentira es irrelevante.

En el debate constitucional, se tildó de fake news decir que las Isapres desaparecerían.  Es verdad que en ninguna parte decía explícitamente eso. Listo, paremos de leer entonces dirían algunos. Sin embargo, el detalle fino hace toda la diferencia. Al obligar a los cotizantes a pagar su 7% (o el monto que fije la ley), al sistema público, las Isapres solamente recibirían lo que uno podría pagar por sobre ese porcentaje. En otras palabras, las matan por atrición. Decir que el sistema de salud que proponía Stingo y compañía empeoraría la salud de la mayoría de los chilenos también sería acusado por ser fake news. No obstante, si el sector público ya estaba colapsado, ¿qué pasaría con las listas si además hubiesen absorbido tres millones de chilenos?.

Se acusó de fake news si uno decía que quedaba limitada la libertad de enseñanza. Claro, en la propuesta decía que se ‘protege la libertad de cátedra’. Sin embargo, esto era siempre y cuando el proyecto educacional se acoplará a los principios limitados en la constitución. Hubo una gran polémica por decir que el derecho a la propiedad privada se debilitaría. Que era falso. Cuando uno decía que el justo precio no era lo mismo que el precio de mercado se acusaba de decir falsedades. Que había un precedente legal.  Sin embargo, el mismo ministro Giorgio Jackson en un live en Youtube, el 04 de agosto 2022, dijo “que el precio de mercado podría no tener nada que ver con el justo precio”.

Ejemplos así hay muchos. Podríamos escribir un libro de noticias falsas (de ambos lados). Lo importante es ver el patrón. Si uno lo busca, casi todo puede ser técnicamente acusado de fake news. El propósito es sembrar la semilla de la duda en las personas. No se compren el cuento de que porque lo dijo un ‘experto’ está listo, definido y por ende no se puede acusar más. Mintieron con el tema del Covid, mintieron con el plebiscito. Los fact checkers tienen su agenda, y las agencias revisadoras no son jugadores neutros. Son un jugador más de este a veces sucio juego de la política.

Tal como no te compras que Corea del Norte es democrática porque se llama ‘República Popular Democrática de Corea’, o que una lista o partido sinceramente se preocupa del pueblo simplemente porque tiene la palabra pueblo (o dignidad o su nombre). El propósito de esta columna no es hablar de la ya rechazada propuesta de constitución, es para que no olvidemos que no hay que creer todo lo que se dice, todo lo que te cuentan.  Ahora mismo, duda de lo que te cuentan de la inflación, de la guerra de Ucrania, de que no volverán a poner pases sanitarios, duda aún de las medidas ‘anti’ Covid.

La próxima vez que veas los famosos fact checkers, duda de ellos también. Duda de ambos lados, de derecha y de izquierda. Lo importante es que no te dejes engañar. Llega a la conclusión que sea, pero que sea tuya.

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